
Quien busca «mosca espía» casi nunca quiere saber de dípteros. Quiere saber de un dron: un aparato volador del tamaño de un insecto, con micrófono o cámara, capaz de colarse por una ventana sin que nadie repare en él. Ese aparato existe. Existen varios, de hecho, y ninguno se parece al de las películas ni está en ningún catálogo.
Bajo el nombre de «mosca espía» conviven dos cosas distintas. La primera es el robot construido desde cero a imagen de una mosca o de una abeja: el Insectothopter que la CIA fabricó en los años 70 o el RoboBee de Harvard. La segunda es el insecto vivo con electrónica implantada, la vía que abrió DARPA en 2006. Aquí van las dos con sus cifras reales, lo que sabe hacer hoy un dron de ese tamaño y la respuesta a la pregunta que más se repite en Google: cuánto cuesta y dónde se compra. Adelanto: en ningún sitio.
El Insectothopter: la primera mosca espía era una libélula
La historia empieza en la Oficina de Investigación y Desarrollo de la CIA, en los años 70. Allí se construyó el Insectothopter, que la propia agencia expone hoy en su museo como el primer vuelo de un vehículo aéreo no tripulado del tamaño de un insecto. El plan inicial era un abejorro mecánico con un micrófono minúsculo dentro. El abejorro volaba de forma errática, así que un entomólogo aficionado del proyecto propuso cambiar de modelo y copiar a la libélula. Y en libélula se quedó.
Lo fabricó un relojero, y se nota en las medidas: 6 × 9 × 1,5 centímetros y 1 gramo de peso al lanzamiento. El motor era un oscilador fluídico, que movía las alas arriba y abajo usando gas como propelente; el gas sobrante salía por detrás y daba un empuje extra. Se guiaba con un haz de láser, y ese mismo haz servía de enlace de datos para el sensor de audio. En pruebas recorrió 200 metros en 60 segundos.
Nunca llegó a usarse en una misión. Con un viento cruzado de más de 5 millas por hora, unos 8 km/h, una brisa que apenas se nota en la cara, la libélula se salía de su trayectoria. Ahí se quedó, en una vitrina. Pero marcó el camino que siguen todos los proyectos posteriores: a ese tamaño, copiar a un insecto real es la única forma conocida de volar.
RoboBee: la mosca robot de Harvard
El proyecto más conocido de esta familia es el RoboBee, del Instituto Wyss y la Escuela de Ingeniería de Harvard. Es un microrrobot inspirado en la biología de las moscas y las abejas: mide la mitad de un clip, pesa menos de una décima de gramo y bate dos alas finísimas 120 veces por segundo. Ese batido tan rápido es, por cierto, el mismo fenómeno que está detrás de los sonidos de las moscas.
No tiene motor en el sentido habitual. Sus «músculos artificiales» son actuadores piezoeléctricos, láminas de cerámica que se expanden y se contraen cuando reciben un campo eléctrico. Bisagras de plástico sobre un cuerpo de fibra de carbono transmiten ese movimiento a cada ala, y cada ala se controla por separado y en tiempo real, igual que hace una mosca de verdad. Montar algo así a mano es imposible, de modo que en Harvard inventaron un método de fabricación propio, el «pop-up MEMS»: capas de material cortadas con láser que se pliegan solas, como las figuras de un libro desplegable.
Tres hitos con sus cifras
| Cuándo | Qué se logró | Cifras |
|---|---|---|
| Antes de 2013 | Más de una década de trabajo en el microrrobot y en cómo fabricarlo, sin un vuelo controlado todavía. | Mitad de un clip; menos de una décima de gramo; 120 batidos por segundo. |
| 2013 | Primer vuelo controlado de un robot del tamaño de un insecto (publicado en Science): despegue vertical, vuelo estacionario y giro siguiendo una ruta prefijada. Atado por un cable y dirigido desde un ordenador externo. | Financiado por la National Science Foundation (NSF). |
| 2019 | Primer vuelo sostenido sin cable de un vehículo insecto (publicado en Nature), con cuatro alas y células solares: el RoboBee X-Wing. | 259 mg de peso total; unos 120 mW de consumo; necesita unas 3 veces la luz del sol; solo en interior. Financiado por la NSF y la Office of Naval Research (ONR). |
El vuelo de 2013 llegó tras más de una década de trabajo y con una limitación evidente: el robot recibía la electricidad por un hilo y las órdenes salían de un ordenador. En 2019 se quitó el cable. Para lograrlo hubo que ponerle cuatro alas en vez de dos (de ahí el apodo X-Wing, por los cazas de cuatro alas de Star Wars), células solares y electrónica propia. Todo junto pesa 259 miligramos, poco más de un cuarto de gramo, y es el vehículo más ligero que ha volado sin cable hasta ahora.
La pega es la luz. Necesita unas tres veces la del sol, así que se probó bajo lámparas halógenas y solo vuela en interior. Tampoco lleva todavía control de rumbo a bordo. El propio Instituto Wyss reconoce que hace falta mucho desarrollo para que funcione fuera del laboratorio.
DARPA y los insectos cyborg: la otra vía
DARPA, la agencia de investigación del Pentágono, aparece mucho en las búsquedas sobre la mosca espía, pero su apuesta fue otra. En 2006 lanzó el programa HI-MEMS (Hybrid Insect Micro-Electro-Mechanical Systems), que en vez de construir un insecto usa uno vivo. La idea: implantar sistemas microelectromecánicos dentro del insecto durante la metamorfosis y, una vez adulto, dirigir su vuelo con impulsos eléctricos. La aplicación principal declarada era la vigilancia.
Son dos caminos que no se cruzan. El RoboBee tiene que resolver desde cero el vuelo, la energía y el control, y por eso tardó más de una década en despegar. El insecto cyborg ya sabe volar, alimentarse y aguantar el viento; el problema está en mandarle adónde ir. Conviene no mezclarlos: las dos fases del RoboBee las pagaron la NSF y la ONR, no DARPA.
Qué puede hacer hoy un dron del tamaño de una mosca (y qué no)
Con los datos anteriores, el balance es corto. Un robot de ese tamaño sabe hoy:
- Despegar, quedarse quieto en el aire y girar siguiendo una ruta marcada desde fuera (Harvard, 2013).
- Mover cada ala por separado y en tiempo real, que es lo que permite a una mosca cambiar de dirección en un instante.
- Volar sin cable alimentado por células solares, siempre que la luz sea unas tres veces la del sol (Harvard, 2019).
- Recorrer 200 metros en un minuto guiado por un láser, si no hace viento (CIA, años 70).
Y lo que no sabe:
- Volar al aire libre. Al Insectothopter lo desviaba una brisa de 8 km/h y el RoboBee X-Wing solo funciona en interior con luz artificial.
- Decidir el rumbo por su cuenta: el X-Wing no lleva control de rumbo a bordo.
- Grabar vídeo. Ninguna de las fuentes de estos proyectos describe una cámara a bordo: el Insectothopter cargaba un sensor de audio y el RoboBee gasta su cuarto de gramo en alas, electrónica y células solares.
- Trabajar fuera del laboratorio, según dice el propio Instituto Wyss.
Lo que Harvard declara como usos posibles del RoboBee es esta lista: polinizar cultivos, búsqueda y rescate, vigilancia, y monitorizar el ambiente y el clima con una resolución que ningún sensor fijo ofrece. La vigilancia está, sí, pero en la misma frase que polinizar un campo.
¿Se puede comprar una mosca espía? ¿Cuánto cuesta?
No hay precio porque no hay producto. La CIA no vende el Insectothopter, que está en su museo. Harvard no vende el RoboBee, que es un proyecto de investigación y, por lo que dice su propio laboratorio, aún no funciona fuera de él. DARPA no comercializa insectos cyborg. Nada de lo que aparece en esta entrada se puede pedir por internet.
Lo que sí aparece al buscar «mosca espía precio» o «mosca espía cámara» son minidrones de juguete con forma de insecto, cámaras ocultas que no vuelan y anuncios que mezclan ambas cosas con la foto de un prototipo de laboratorio. La regla para no caer: el aparato más ligero que ha volado sin cable pesa un cuarto de gramo, no tiene control de rumbo propio y necesita tres soles para despegar. Cualquier anuncio que prometa más que eso por el precio de un juguete está prometiendo algo que ningún laboratorio ha conseguido.
Por qué se imita a la mosca
Todos estos proyectos copian a un díptero o a una abeja, no a un pájaro, y Harvard lo dice sin rodeos: el RoboBee nace de la biología de las moscas y las abejas. Lo que se copia es, sobre todo, el control del vuelo. Una mosca ajusta cada ala por separado y en cada batido, y eso es exactamente lo que los actuadores piezoeléctricos del RoboBee intentan reproducir. La mosca no es el primer insecto que inspira un aparato volador: ya hubo un avión mosca mucho antes de que existieran los microrrobots.
La otra mitad del problema es la vista. Un dron que todavía no sabe elegir su rumbo necesitará, tarde o temprano, ojos que le digan dónde está y qué se mueve a su alrededor, y la mosca resuelve eso con un sistema que vale la pena conocer antes de intentar copiarlo: cómo ven las moscas explica por qué es tan difícil darles con el periódico. Hay más historias de moscas que han inspirado a científicos, como la de las moscas cartesianas, y de moscas que han dado nombre a personajes, como el hombre mosca. Si lo tuyo es coleccionar datos raros sobre estos bichos, el hub de curiosidades sobre las moscas es el sitio para seguir.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una mosca espía?
Un dron del tamaño de un insecto pensado para observar sin ser visto. El nombre agrupa dos cosas: robots construidos a imagen de una mosca o una abeja, como el Insectothopter de la CIA (años 70) o el RoboBee de Harvard, e insectos vivos con electrónica implantada, como los del programa HI-MEMS de DARPA (2006). Ninguno está a la venta.
¿Existe de verdad un dron del tamaño de una mosca?
Sí, en laboratorio. El RoboBee de Harvard mide la mitad de un clip, pesa menos de una décima de gramo y logró el primer vuelo controlado en 2013. En 2019 su versión de cuatro alas, el RoboBee X-Wing, voló sin cable con 259 miligramos de peso total, pero solo en interior y con unas tres veces la luz del sol.
¿Cuánto cuesta una mosca espía y dónde se compra?
No tiene precio porque no existe como producto. El Insectothopter está en el museo de la CIA y el RoboBee es un proyecto de investigación que, según el propio Instituto Wyss, aún necesita mucho desarrollo para funcionar fuera del laboratorio. Lo que se vende con ese nombre son minidrones de juguete o cámaras ocultas que no vuelan.
¿La mosca espía lleva cámara?
En los proyectos documentados, no. El Insectothopter de la CIA llevaba un sensor de audio y se guiaba por láser. El RoboBee X-Wing gasta su cuarto de gramo en alas, células solares y electrónica, y todavía no lleva control de rumbo a bordo. Ninguna de las fuentes de estos proyectos describe una cámara.
¿Qué diferencia hay entre el RoboBee y los insectos cyborg de DARPA?
El RoboBee es un robot construido desde cero que imita a moscas y abejas, financiado por la NSF y la Office of Naval Research. El programa HI-MEMS de DARPA, lanzado en 2006, implanta sistemas microelectromecánicos en insectos vivos durante la metamorfosis para dirigir su vuelo con impulsos eléctricos. Uno fabrica el insecto; el otro usa el de verdad.
Fuentes
- CIA Museum: Insectothopter
- Wikipedia: Insectothopter
- Wyss Institute (Harvard): RoboBees, autonomous flying microrobots
- Wyss Institute: Robotic insects make first controlled flight (2013)
- Harvard SEAS: RoboBee flies solo (2019)
- Nature: Untethered flight of an insect-sized flapping-wing microscale aerial vehicle (2019)
- DSIAC: Four-winged flying insect robot weighs under a gram
- Wikipedia: Hybrid Insect Micro-Electro-Mechanical Systems (HI-MEMS)
- MIT: Cyborg moth gets a new radio (HI-MEMS, DARPA)
