
Sí, las moscas respiran. Lo hacen todo el tiempo, igual que cualquier animal, porque sus células necesitan oxígeno para quemar el azúcar que les da energía y tienen que deshacerse del dióxido de carbono que produce esa combustión. Lo que no tienen es nada parecido a lo que usamos nosotros para hacerlo: ni pulmones, ni nariz, ni sangre que transporte el oxígeno de un lado a otro del cuerpo.
De ahí viene la confusión. Como el díptero no infla el pecho ni se le ve respirar, mucha gente concluye que no respira o que lo hace «por branquias», como un pez. Ninguna de las dos cosas es cierta. Una mosca adulta toma el oxígeno directamente del aire a través de una fila de orificios en los lados del cuerpo, los espiráculos, y lo reparte por dentro con una red de tubos, las tráqueas, que llegan hasta cada célula.
Ese diseño explica casi todas las rarezas que te habrás preguntado alguna vez: por qué una mosca aguanta un rato bajo el agua sin morirse, por qué no existe ninguna del tamaño de un gorrión y por qué echarle agua del grifo por encima sirve de poco. Vamos por partes.
¿Por dónde respira una mosca? Espiráculos, tráqueas y traqueolas
El recorrido del aire empieza en los espiráculos. Son orificios pequeños, dispuestos en fila por el tórax y el abdomen, cada uno con una válvula propia. Según explica el programa Ask A Biologist de la Universidad Estatal de Arizona, el aire entra por esa hilera de agujeros a lo largo del abdomen y pasa a una red de tubos, las tráqueas, que se ramifican por todo el cuerpo. No hay pulmones por ninguna parte: el aire viaja como gas por los tubos hasta el lugar donde se va a usar.
Esos tubos se van estrechando. Los troncos traqueales grandes se dividen en tráqueas más finas y estas en traqueolas, conductos de entre 0,2 y 0,5 micras de diámetro, según recoge la entrada sobre el aparato respiratorio de los insectos de Wikipedia. En la punta de cada traqueola el oxígeno se disuelve en un poco de líquido y pasa a la célula. Las traqueolas acaban en fondo de saco: el aire se difunde hacia ese extremo ciego, y hasta dónde llega depende de cuánto oxígeno haya en la atmósfera. Ask A Biologist lo ilustra con un ejemplo: si se duplicara el oxígeno del aire, la teoría predice que el gas recorrería el doble de distancia por el tubo.
Aquí está la diferencia de fondo con nosotros. En un vertebrado el oxígeno entra en los pulmones, se une a la sangre y la sangre lo reparte. En un insecto la respiración va por su cuenta, separada por completo del sistema circulatorio, como subraya la extensión agraria de la Universidad Estatal de Iowa. La hemolinfa de la mosca no lleva oxígeno; los tubos lo llevan hasta la puerta de cada célula.
Las válvulas de los espiráculos son musculares. Con el músculo relajado el orificio queda abierto; cuando se contrae, se cierra. Las gobierna el sistema nervioso central, aunque también responden a estímulos químicos de la zona. Si quieres situar los espiráculos y el resto de la anatomía externa del animal, en partes de una mosca están descritas una a una.
Difusión o bombeo: dos maneras de mover el aire
En un insecto pequeño el aire no necesita empujón. Se mueve por difusión simple: el oxígeno va de donde hay más a donde hay menos, y en tubos tan cortos eso basta. Los insectos grandes o muy activos, en cambio, ventilan de forma activa. Abren unos espiráculos y cierran otros de manera alternada y contraen el abdomen para bombear aire por el sistema, lo que Ask A Biologist describe como un bombeo mecánico del cuerpo. Una mosca en vuelo, con los músculos del tórax trabajando a toda máquina, entra en el segundo grupo mientras bate las alas.
Entre las tráqueas hay además zonas ensanchadas sin los anillos de refuerzo que mantienen rígido el resto del tubo. Son los sacos de aire. Funcionan como depósito: guardan aire en ambientes secos, se llenan durante la muda para ayudar al cuerpo a expandirse y, en los insectos acuáticos, son la reserva que consumen mientras están sumergidos. Volveremos a ellos.
¿Respiran las moscas por branquias? De dónde viene el error
No. Ninguna mosca adulta tiene branquias. El error tiene una explicación razonable: sí existen insectos que respiran bajo el agua con estructuras parecidas a branquias, y de ahí se generaliza a todos.
Esos insectos son, sobre todo, larvas. Las ninfas de efímeras y de libélulas viven en el fondo de ríos y charcas y han desarrollado branquias traqueales: láminas finas por las que el oxígeno disuelto en el agua pasa a las tráqueas. Otros grupos acuáticos respiran a través de la propia cutícula o con un tubo que asoma a la superficie a modo de periscopio. En todos los casos la regla es la misma, tal como señala Wikipedia: el sistema traqueal normal no funciona bajo el agua, así que el animal necesita un apaño para su fase acuática.
La clave está en lo que pasa después. Cuando esa larva se convierte en adulto y sale del agua, las branquias desaparecen y el insecto respira por un sistema traqueal típico, con espiráculos y tráqueas, igual que una mosca. La libélula que ves patrullar un estanque respira aire. Su larva, bajo la superficie, respiraba agua.
Las moscas que entran en casa ni siquiera pasan por esa fase. Sus larvas crecen en materia orgánica en descomposición, no en el agua, y respiran aire desde el primer día. Hay dípteros con larvas acuáticas, como los mosquitos, pero resuelven el problema con un tubo respiratorio que asoma a la superficie, no con branquias. En ninguna etapa de la vida de una mosca hay nada que se parezca a la agalla de un pez.
¿Pueden respirar bajo el agua?
Respirar, no. Aguantar un rato, sí. Y la diferencia importa.
Bajo el agua el sistema traqueal de una mosca no sirve de nada: los espiráculos están hechos para tomar gas, no líquido. Lo que hace el animal es cerrarlos. La Universidad Estatal de Iowa explica que casi todos los insectos pueden abrir y cerrar sus espiráculos, en lo que los fisiólogos llaman intercambio gaseoso discontinuo. Con las válvulas cerradas, el insecto recicla el oxígeno que ya tenía dentro de las tráqueas y los sacos de aire y pasa un tiempo sin intercambiar nada con el exterior. Es el mismo truco que usa en tierra para no perder agua cuando el ambiente es muy seco; sumergido, le sirve para no inundarse.
A eso se suma la burbuja. El cuerpo de una mosca está cubierto de pelos y de una cutícula que repele el agua, así que al sumergirse arrastra una capa de aire pegada al cuerpo. Mientras esa película dure, los espiráculos tienen algo que respirar. No es un sistema diseñado para vivir bajo el agua, sino un efecto secundario de estar hecha para no mojarse.
¿Cuánto aguanta? Depende de la especie, de la temperatura y de la fase de vida, y no hay una cifra honesta para la mosca doméstica. La misma fuente de Iowa aporta un dato de otro insecto que sirve para hacerse una idea del orden de magnitud: la mitad de las larvas de segundo y tercer estadio de Diabrotica virgifera, el gusano de la raíz del maíz, muere tras 42 horas sin oxígeno a 15 °C. A más temperatura el metabolismo se acelera, el oxígeno almacenado se gasta antes y el aguante baja. Una mosca adulta en agua tibia está muy lejos de esas 42 horas. Pero la lección general se mantiene: la mayoría de los insectos sobrevive sumergida o en suelo encharcado durante periodos cortos, como resume Iowa State, y eso explica que una mosca «ahogada» en el fregadero reviva al secarse.
Cuando el agua consigue entrar por los espiráculos, el tubo se inunda y ya no hay reciclaje posible. En ¿se ahogan las moscas? contamos con detalle qué pasa en ese momento y por qué la tensión superficial decide el resultado. Y si te interesa cuánto dura el animal en condiciones normales, lo tienes en la vida de las moscas.
Por qué una mosca no puede ser tan grande como un pájaro
La respiración traqueal tiene un precio: pone techo al tamaño. Como el oxígeno viaja por difusión hasta el extremo ciego de cada tubo, hay una distancia máxima que puede recorrer antes de agotarse. Un insecto más grande necesita tubos más largos o más anchos, y a partir de cierto punto los tubos ocuparían demasiado espacio o el gas no llegaría a tiempo. Jon Harrison, investigador de la Universidad Estatal de Arizona citado en Ask A Biologist, lo resume así: la cantidad de oxígeno disponible limita el tamaño corporal de los insectos.
Hay una prueba histórica. En el Carbonífero volaban insectos gigantes como Meganeura, un pariente lejano de las libélulas, y según recoge Wikipedia esa época coincidió con niveles de oxígeno atmosférico muy superiores a los actuales. Más oxígeno en el aire, más distancia recorrida por difusión, cuerpos más grandes posibles. Cuando el oxígeno bajó, el tamaño máximo bajó con él.
Por eso los dípteros son lo que son: animales de unos milímetros, rápidos, con un tórax lleno de músculo que recibe oxígeno por tubos cortos. El mismo sistema que les permite volar con tanta agilidad es el que les impide crecer. Si alguna vez te has preguntado por qué las películas de insectos gigantes son imposibles, la respuesta no está en el esqueleto que no tienen, sino en los tubos por los que respiran.
¿Y por qué no se les puede «ahogar» con agua del grifo?
Si has intentado acabar con una mosca echándole agua encima, ya sabes el resultado: se sacude, se seca y se va. No es mala suerte. Es física.
El agua tiene una tensión superficial alta: sus moléculas se atraen entre sí y forman una especie de piel en la superficie. Los espiráculos de una mosca son orificios diminutos rodeados de cutícula que repele el agua, y el líquido, con su tensión intacta, no consigue colarse por ellos. Forma una gota redonda encima y resbala. Mientras tanto, el animal cierra las válvulas y tira del aire que tiene almacenado, como hemos visto. Resultado: un chapuzón que no llega a ser un ahogamiento.
El jabón cambia la ecuación. Unas gotas de lavavajillas rompen la tensión superficial, el agua moja la cutícula en vez de resbalar y puede entrar por los espiráculos e inundar las tráqueas. Por eso una trampa de agua con jabón funciona y un vaso de agua sola no. No es un milagro ni un insecticida: es que el agua, por fin, llega a donde el insecto respira. Para montar una trampa de este tipo basta un recipiente con agua, unas gotas de lavavajillas y algo que atraiga al animal, como vinagre de manzana o un trozo de fruta madura.
Dos matices honestos. Primero, la trampa atrapa a las moscas que decidan acercarse, no a todas las de la casa; con una plaga seria hay que ir a la fuente, que casi siempre es materia orgánica mal cerrada. Segundo, un díptero que haya caído en agua con jabón y salga pronto puede recuperarse si las tráqueas no se han inundado del todo. El truco funciona cuando el animal se queda dentro.
Preguntas frecuentes
¿Las moscas respiran por la boca?
No. La boca de una mosca sirve para comer y beber, no para respirar. El aire entra por los espiráculos, orificios repartidos por los lados del tórax y del abdomen, y de ahí pasa a las tráqueas. Si le taparas la trompa, el animal seguiría respirando igual.
¿Cuántos espiráculos tiene una mosca?
Van en fila a lo largo del tórax y del abdomen, y el número exacto varía según la especie y la fase de vida, así que no conviene dar una cifra para «las moscas» en general. Lo que importa es su disposición: cada orificio tiene su válvula y alimenta un tramo del sistema traqueal. En partes de una mosca puedes ver dónde quedan en el cuerpo.
¿Por qué las moscas se frotan las patas?
Es sobre todo limpieza. Las patas y los pelos del cuerpo acumulan polvo y restos que estorban a los receptores sensoriales que el insecto lleva en ellas, y frotarlas los deja despejados. Lo explicamos con detalle en por qué las moscas se frotan las patas.
¿Los insectos respiran oxígeno del aire o del agua?
Los adultos, casi sin excepción, del aire: el sistema traqueal está hecho para tomar gas y no funciona sumergido. Las larvas acuáticas de algunos grupos, como efímeras y libélulas, sí extraen el oxígeno disuelto en el agua con branquias traqueales, y otras usan la cutícula o un tubo respiratorio que asoma a la superficie. Una mosca adulta solo respira aire.
¿Una mosca puede sobrevivir en un tarro cerrado?
Un tiempo, sí. Un tarro de cocina contiene mucho más aire del que consume un animal de unos milímetros, y además el insecto puede cerrar los espiráculos y reducir su intercambio gaseoso cuando está quieto. Lo más probable es que antes le falten el agua y la comida que el oxígeno. Cuánto dure dependerá del tamaño del tarro, de la temperatura y de lo que se mueva dentro.
