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¿Cómo es el pene de una mosca?

 

Antes de decir cómo es el pene de las moscas (aunque lo podemos ver en la pequeña fotografía que sigue), cabe decir que los insectos en general constituyen la herramienta ideal para explicar cómo funciona en el mundo animal la reproducción.

Pene de una moscaEl biólogo Charles Darwin (1809-1882) se hizo famoso en el siglo XIX por establecer una teoría según la cual los seres vivos luchan por su superviviencia, y tras esa porfía sólo sobreviven los mejor adaptados (los más rápidos, los más fuertes, los más resistentes). Pero, dándose cuenta de que muchas especies desarrollaban rasgos físicos que a todas luces debían dificultarles sobremanera esa supervivencia (adornos pesados que dificultan la huída; colores chillones que delatan al individuo frente al depredador; cornamentas, colas, protuberancias y apéndices demasiado largos, etc), evitó que la idea central de su teoría de la selección natural entrara en contradicción con los hechos complementándola con otra llamada de la selección sexual.

La nueva idea se desarrolla así: si todas esas estructuras de estrambote, más los comportamientos asociados a ellas, que a menudo son todavía más extraños, no parecen precisamente contribuir a la supervivencia de sus portadores y son a primera vista ejemplos de caracteres contrarios a la evolución por selección natural pues suponen una merma considerable en las capacidades adaptativas y de supervivencia de los animales que los poseen, eso es porque nos falta comprender que esas características y esos comportamientos —que se presentan de forma abrumadoramente más generalizada en los machos— delatan que en el mundo de los seres vivos una estrategia alternativa a la adaptabilidad al medio es, sencillamente, triunfar en la competición reproductiva(ganar alguna ventaja sobre el resto de individuos del mismo sexo y especie), y que cualesquiera caracteres que contribuyan a incrementar el éxito a la hora de la reproducción, y que habrán ido evolucionado en el tiempo para mostrar los rasgos que hoy les son propios, contribuirán, obviamente, al mantenimiento de la especie.

El naturalista británico conocía las ideas (y se hizo eco de ellas en el capítulo VIII del libro The descent of Man) del anatomista John Hunter (1728-1793) sobre las diferencias entre los caracteres sexuales primarios, que son los que están relacionados con la función reproductora, como los órganos genitales, y los caracteres sexuales secundarios, no conectados directamente con la reproducción y sí con la atracción entre sexos, tales como el mayor tamaño, fortaleza, y beligerancia de los machos, sus armas de ataque o medios de defensa frente a los rivales, su coloración chillona y varios Ronald Aylmer Ficherornamentos, su capacidad de canto, y otros caracteres similares. Basándose en todo ello definió la selección sexual de tal modo que pudiera explicar la presencia de estas características como resultado de una elección por parte de uno de los sexos, aunque no fue capaz de dar respuesta a por qué los individuos de ese sexo mostraban predisposición hacia tales rasgos.

En la actualidad y para explicar el papel de los caracteres sexuales secundarios dentro del proceso de selección sexual, se postulan dos hipótesis denominadas de Fisher y de Amotz Zahavi respectivamente. La primera de ellas consiste en la reinterpretación que de la selección sexual hizo en 1930 el biólogo evolucionista Ronald Aylmer Fisher (1890-1962, en la fotografía), según la cual ciertos rasgos que en la actualidad pueden parecer poco ventajosos para los organismos,realmente acaban demostrando ser lo contrario, pues cuando se eligieron estas características el objetivo único consistía en proveer a su descendencia de diversas ventajas en términos de supervivencia. Esta mayor tasa de supervivencia supondría que gradualmente las poblaciones naturales fueran diferenciándose por selección natural, un sexo a poseer un rasgo que se identificará directamente con genomas superiores, y el otro, por tener predisposición hacia él. Con el paso del tiempo, ambos caracteres se verían favorecidos al retroalimentarse uno de otro, llegando a superar el objetivo inicial. La segunda de las hipótesis, formulada por el biologo israelí Amotz Zahavi (n. 1928) en 1975 y conocida como Principio del hándicap, se podría resumir muy rápidamente de la siguiente manera: si está claro que la presencia de rasgos morfológicos exagerados lastran la supervivencia de los organismos que los manifiestan; sus parejas sexuales sentirán preferencia por ellos por ser capaces de sobrevivir a pesar del handicap que les suponen estos rasgos. La idea central es que los rasgos de la selección sexual actúan como señales de ostentación, mostrando la capacidad de darse el lujo de desperdiciar un recurso simplemente por derroche. El receptor sabe que el rasgo indica calidad porque individuos de calidad inferior no pueden permitirse el lujo de tales derroches extravagantes. Por ejemplo, la cola del pavo real permite discernir la calidad del macho, pero al mismo tiempo es una extremidad engorrosa y pesada; en los insectos ocurre otro tanto (pincha aquí para ver un ejemplo: el de la mosca de los ojos saltones). De acuerdo con el principio del handicap, las señales sólo están a salvo de su falsificación cuando suponen un gran coste, es decir, cuando su producción y su conservación exigen una inversión que sólo se pueden permitir los individuos más fuertes.

Digamos ahora sólo de pasada que si algunos rasgos han sido claramente fabricados por la selección natural y otros claramente surgieron por voluntad de la selección sexual, a veces nos tropezamos con caracteres que los biólogos no son capaces de asociar a una o a otra función: son aquellos casos en los que es difícil trazar una línea clara de distinción entre ambas selecciones.

Digamos también, para terminar de esbozar la explicación sobre la selección sexual, que ésta habitualmente adopta uno de Thomas Henry Huxleyestos dos patrones (los nombres se deben al anatomista Thomas Henry Huxley 1825-1895, en la fotografía): selección intrasexual (diversos individuos de un mismo sexo por el acceso a la cópula) o selección intersexual (los individuos de uno de los sexos, usualmente las hembras, seleccionan a los individuos del sexo opuesto que cree más convenientes; esta selección también se conoce como epigámica). Por cierto, Huxley, a quien apodaban el bulldog de Darwin por su encarnizada defensa de la teoría de la evolución, es famoso por haber creado el término agnóstico para definir su propio pensamiento en teología. Uno de sus hijos, Leonard Huxley (1860–1933), es el padre de Aldous Huxley (1894-1963).

Pero esta presentación de la selección sexual como algo tan simple (lucha entre machos por el apareamiento, elección del macho por parte de las hembras), a pesar de constituir un gran avance en su época, necesitaba ser completada, por lo que la realidad no podía ser explicada de forma totalmente satisfactoria (de hecho, todavía no lo puede ser del todo, a pesar de los avances en el conocimiento sobre el tema).

Ejemplo: Darwin excluía de la selección sexual de forma explícita a los órganos genitales, cuya especialización anatómica y funcional se creían debidas exclusivamente a la acción de la selección natural. Pero a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se produjo toda una revolución científico-conceptual al respecto (ideas que no se vislumbran en los escritos darwinianos): en primer lugar, la lucha entre machos dejó de ser algo únicamente pre-coital para poder ser coital o incluso post-coital (lo cual incluye la llamada competencia espermática). Y en segundo lugar, el concepto de elección femenina se amplió para incluir todas aquellas conductas y mecanismos de elección que ocurren una vez que la cópula se inicia.

Es decir, que la reproducción es un conflicto permanente entre sexos, que los genitales evolucionan y se adaptan por mor de ese conflicto, y que durante los momentos coital e inmediato postcoital, el pene lucha por su semen, y los órganos sexuales de la hembra luchan por quedarse sólo con el semen que le interesa.

Todo lo anterior se refiere a la competencia espermática (el equivalente de las encarnizadas luchas pre-cópula entre machos por conseguir el apareamiento) y significa que la selección sexual entre machos y entre macho y hembra sigue teniendo lugar incluso cuando el semen ya ha sido depositado, porfía que radica en la fertilización de los huevos de la hembra. El caso-tipo es cuando varios machos inseminan a la hembra, lo cual es muy frecuente, por cierto, en el mundo de los insectos. Al respecto, Darwin y sus seguidores pensaban más o menos que las probabilidades de fertilización eran cuasialeatorias, como si cada macho estuviese jugando a la lotería y tuviese un número que le podía tocar.

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2010-2012 Juan Ledo
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